martes, octubre 31, 2006

Prólogo.

Muchos años después, frente al pelotón fumigador, el Coronel Giusseppe Il Petiglia había de recordar aquella remota tarde en que su mujer lo llevó a conocer la tienda de discos de Il Melli. La ciudad era entonces un hatajo de callejuelas laberínticas y casitas blancas, bellas y apuntaladas, construídas a la orilla del mar sobre una isla que navega sin rumbo desde hace miles de años en el devenir de los tiempos. Sus habitantes llevaban una peculiar forma de vida basada en las tradiciones más ancestrales de Sicilia, como eran la pesca, el vino, la canción y la familia. Cada año, durante el mes de Febrero se celebraba en el Grande Teatro di Falla una reunión con todas las familias de la ciudad. Allí, los hombres de negocio exponían sus mejores proyectos, armas y trajes de seda de mil dólares ante la atónita mirada del pueblo, que con tanto respeto como temor, servía de base a todo el entramado de la Cosa Nostra Siciliana. Con un simple chasquido de sus dedos, los hombres de negocio con gafas de sol y tomando cervecitas en las bateas, movían los hilos de policías, jueces y políticos de la ciudad, aunque nunca consiguieron ponerse de acuerdo con La Radio.

Aquella tarde, Il Petiglia paseaba cerca del Mercatto con su esposa, y un fajo de cien de los grandes en el bolsillo, cuando se encontraron cara a cara con Il Melli. Este individuo era temido dentro y fuera de la ciudad, e incluso, había leyendas de él allende los mares. Il Melli y sus dos hijos habían configurado uno de los Imperios del Hampa más solicitados por sicilianos, italianos, españoles, yugoslavos, y algún que otro peruano. Su fuerza residía en la capacidad que tenían de suministrar mercancías, armamentos y munición de todo tipo a cualquier persona que estuviera en su radio de acción. Allí, con la Bella Bambina y sus Sciurriero, a un lado, y el Mezzo Barba, con el puesto de Omelletes di camaronne, en el otro lado, la fuerza y el poderío de este curioso personaje siciliano eran letales, gracias a estos invulnerables guardaespaldas.

En aquel improvisado patíbulo, Il Petiglia recordó aquella remota tarde en que fue a conocer la tienda de Il Melli…

¡¡Pelotón!! ¡¡Carguen!! ¡¡Apunten!!



¡¡TENGO LA CINTA DE CHARRÚAS!!

El enorme General, vestido con chaquetón de pelo de increíbles dimensiones, se paró, se dio la vuelta con rapidez e incredulidad, y con voz tenue le dijo:

‘¿No tendrás también el libreto?’

Y allí delante de una docena de paramilitares armados con fusiles de asalto AK-47, se pusieron a cantar… En mi balcón dejá caer tengo a mi caña, caña caletera...

Por esa época, mucho después de la Gran Reunión de Familias, donde se veían las caras las cinco familias más importantes de la ciudad, y a pocos días del nombramiento de Francesco Cardenale como Capo di Tutigli capi, Il Petiglia era un fuera de la ley, tanto de la Oficial, como de la ley de los sicilianos; vivía al borde de la ley porque dentro de la ley hay más bordes que fuera. En un despiste fue detenido, juzgado y condenado a muerte, pero consiguió zafarse de aquella forma tan siciliana y juró vendetta ante quienes lo habían entregado.

Ahora, escondido en su refugio lejos de Sicilia, continuará su labor como sicario de su familia, La Familia Virtuali, con la que podrá enfrentarse a las otras familias de la ciudad, como los Carapappiero, los Iulleri, los Lovieri, los Scieriffes, los Seluigis o los Santanderinis, entre otras.

Las intermitentes visitas del antiguo Consiglieri de la Virtuali, y ahora Padrino, Toni Il Burgerio, le servían para planear juntos los negocios: acciones con las que conseguir más respeto en la ciudad y debilitar, poco a poco a las demás familias, con el fin de lograr la hegemonía y dominar todo el Hampa de Sicilia…

4 comentarios:

Ranimo dijo...

Excelente bambino

Anónimo dijo...

Espectacular despligue de medios virtuali, mu chulas las descripciones y la manera gaditana del mismo centro de la plaza las flores de entremeter letras en la narracion.... pero falta sexo, juas juas juas.

kurro dijo...

Y volvio...

Que te voy a decir... Excelente como dicen por arriba. Un 10

antonio pelaez dijo...

la sibilina manera de intromisioni del espia Il Cantuesso no pondría en peligro Il Concordatto por la rápida intervención de muchos Virtualis que advirtiendo al Gran Cappo hicieron fracasar su intento de desestabilizacion...

Sigue que nos deleitemos con tu espléndida imaginación y dominio de "los idiomas". jejejeje

Un saludo desde el desierto.