lunes, noviembre 06, 2006

CAPÍTULO I. EL CAPO DI TUTIGLI CAPI.

Aquella mañana Toni Il Burgerio se levantó muy temprano... a eso de la una menos cuarto... y montado en su Vespa se dio una vueltecita, tranquilo y paseando por los alrededores de nuestra ciudad. Poco después de atravesar las tortuosas calles que siempre estaban en obras, hizo su primera parada en el Bar de Óscari Virtuali. Este bar, regentado por uno de los Virtuali más poderosos, era realmente una tapadera donde en alianza con Il Melli se intercambiaba armamento de primera calidad a precio de costo, a razón de suculentas comisiones que cobraba Óscari en persona.

Il Burgerio, como Padrino de la Virtuali aprovechaba este antro para recibir unos ingresos extra, a la vez que tenía, en el centro neurálgico de las actividades mafiosas de la ciudad, un local de esas características, frecuentado por prestamistas, policías corruptos y corredores de apuestas del distrito Sur de la ciudad. No en vano, alrededor de este bar y durante la guerra de bandas callejeras que se celebra en Febrero se concentra todo el Hampa de la ciudad, haciendo allí mismo, sobre las bateas, o en las escaleras de correos, alarde de su poder, riqueza y altanería. Y esto lo aprovechaban muy bien Il Burgerio, Óscari e Il Melli.

Il Burgerio había quedado allí para acercarse junto a Óscari al Palacete di Congressi, donde tenía lugar la elección del nuevo Capo di Tutigli Capi, que era el cargo más importante dentro del organigrama de la Cosa Nostra de Sicilia.

-¿Dónde está el Óscari? –preguntó a su madre que salía de detrás de la barra.
-¡Mio filio! ¡Mio Filio! ¡Mio Filio! –no paraba de repetir una y otra vez... llorando...
-¿Qué dise carajo?
-¡Mio filio! ¡Mio Filio! ... ...

En ese momento Toni Il Burgerio recibió una llamada a uno de sus celulares y contestó:
-Dime, sí, sí, estí llegando, pero man cogío semáforo en la Avenitta. Sí, joe, que voy ya pa ya. Si casi te estí viendo. Enga, chao bambino –y colgó.

Cuando giró el taburete para ver qué quería decir la madre de Óscari, ésta ya no estaba detrás de la barra. Toni, comenzó a llamarla, por si estaba dentro, en el comedor. Pero ésta no contestaba. Il Burgerio, en un alarde de fuerza y gaditanismo se levantó y avanzó unos pasos para ver si conseguía verla por los servicios, cuando de pronto, tres encapuchados que entraron al grito de “¡Viva Cai! ¡Dispensare la Credinciali!” comenzaron a disparar.

-¡¡¡Ra ta tatatá Ratatatatá... Ra ta tatatá Ratatatatá...!!!

El tiroteo fue espectacular, y al ruido de las Thompson se unieron los de los vasos, botellas, platos, sillas y mesas que se iban rompiendo de los impactos. Il Burguerio cayó al suelo y en un último hálito intentó esconderse reptando a través de las mesas, pero fue en vano. El charco de sangre llegaba hasta la puerta, y amenazaba con bajar cuesta abajo hasta la heladería, cuyo dueño miraba amenazante:

-¡Como me manchéi la sombrilla cobrái ehn...!

Los asaltantes se acercaron al cuerpo moribundo de Il Burgerio, le registraron y comentaron entre ellos:

-¡No la lleva encima!
-¡Maldito sea! Cuando se entere el Don nos va a matar.
-Cantuesi, nosotros hemos hecho lo que hemos podido. De todas formas, él ya no podrá usarla. Ja, Ja, Ja...
-Ja, ja, ja, es cierto, Virtuosi, venga... ¡huyamos!

Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad:

-¡Don Valdivieri! Venga, entre, que ya va a empezar la votación –Comentó, acercándose a él y poniéndole las manos sobre las hombreras de su chaqueta en señal de respeto y afecto.
-Espera un momento, que me tienen que enviar la señal.

Cogió unos prismáticos y los dirigió a la Torre Tavira. Allí, en lo más alto, estaba apostado uno de los tres asaltantes -aquel al que llamaban Cantuesi- como habían acordado.

-Vamos Cantuesi, ahora saca la Credinciali para que tu Don la vea... vamos Cantuesi... vamos... vamos... ¡vamos!

Y en ese momento el encapuchado desapareció.

-¡No! ¡No lo puedo entender! ¡Es todo muy extraño... está donde habíamos acordado, pero no ha completado la señal...! ¡Espero que tenga una buena explicación...! ¡Porque si no... si no... lo voy a...!
-Venga, Don Valdivieri, tranquilo, no se me altere, ya verá usted como los chicos han cumplido con su cometido.
-Quiera el Dios Momo que así sea, Pietro... Quiéralo el Dios Momo...
-Ya verá usted como sí... ¿entramos?
-Será lo mejor, ya que, sin ese personajillo... no hay nada de lo que preocuparse aquí dentro.

Don Valdivieri regentaba el cargo de Capo di Tutigli Capi desde hacía tiempo, pero las tensiones internas, los frecuentes abusos y el mal funcionamiento de los negocios de los demás capos, hacían que en esta elección peligrase su cargo. El otro candidato era Francesco Cardenale, antiguo Caporegime de la familia de Ramone Pegnalver y Emmanuelle Sanchini, Il Noli. Este último se hizo famoso, por el toque añejo que impregnan sus trabajos para la familia; se dice, que trabaja como lo hacían los más viejos del lugar en los tiempos de la Gran Depresión, a la vieja usanza sicialiana de nudillos in mostrattore... todo un clásico.

A la Reunión, acudieron todos los capos de la ciudad: Santanderini, Il Vera, los Lovieri, los Carapappiero, y así hasta una veintena de ellos, incluso, habían llegado capos ‘invitados’ de la zona del Estrecho… del Estrecho de Messina, traídos en limusinas por alguna Mano Negra para que intercedieran en la elección.

Don Valdivieri pensó que sin Il Burgerio en la Reunión todo sería muy sencillo, y renovaría por cuatro años más su mandato, pudiendo mover con más facilidad todos los hilos. Pero no sucedió como se esperaba...

-¡¡No!! ¡¡No puede ser que hayan elegido a ese Francesco!! –se lamentaba Don Valdivieri.
-No me llore, Don Valdivieri, que luego no le salen buenos pasodobles.
-Déjame, Pietro, voy ahora mismo a ver qué ha pasado con el ‘trabajo’ que les encargué a estos... ¡¡vulgares aprendices!!

Y ambos se marcharon de la ciudad y se dirigieron a la infranqueable residencia de los Majarahti, en el otro lado de la Bahía...

Mientras, en el bar de Óscari alguien reía a carcajadas...

-Ja ja ja, ¡Credinciali bonita! ¡Credinciali Bella! Muacs, muacs, desde que te llevo colgada en mi pecho me traes suerte, mira, si hasta tienes tres casquillos aquí, espera que te los quite, ja, ja, ja, ¡muacs! ¡Mi Credinciali! Ja, ja, ja. ¡Mi Credinciali! ¡Y no vea como lo han puesto to con el ketchup que había en las mesas! Ja, ja, ja. ¡Mi Credinciali!

Miró a su alrededor y todo estaba hecho un Cristo, se sacudió los cristales, sacó su celulare del bolsillo y llamó al Petiglia...

-Killo… Petiglia... sí, joe déjate de rollos, quiero que vengas a Cai... ¡hoy mismo! ... Nada de peros, te apañas como puedas, pero se prepara una vendetta y tienes que estar por aquí… sí, creo que han secuestrado a Óscari, sí… seguramente hayan sido ellos, habla con Il Saníssimo y a ver qué podéis averiguar, pero preséntate en el Cantábrichi de inmediato...

3 comentarios:

Cabu dijo...

Ansioso estoy de que se publique el siguiente capitulo, del carajo peti, del caraho.

canduterio dijo...

corroboro sus palabras mesie caburrassi. Io sonno ansionso tmabien por leer el proximo episodio bambino.

kurro dijo...

Como antaño peti... como antaño, FORMIDABLE